Para comprar fotos del blog y que te las lleven a casa:

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martes, octubre 13, 2009

Desde Sao Paulo, Brasil

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Después de un fin de semana de locura, en el que nos hemos juntado en Madrid tantos amigos y tantos sitios, y que ha hecho que me deje allí el cuarenta por ciento de las cosas que me teñía que traer, y dentro de ese cuarenta, el noventa por ciento de las importantes, ya estoy aquí, en Sao Paulo. Para los románticos, no hablo de esas amistades no los cariños que me dejo en Madrid… como cosas importantes que me he dejado están hasta un guioncito cariñosamente hecho en el que me había resumido mis tareas laborales para esta primera semana aquí… una pena que ya no tenga edad pa llevarlo todo p’adelante con éxito. Finde de locura, la listita de tareas en Madrid, yo en Sao Paulo, y la primera semana tocará improvisar. Siempre pienso que debí ser alemán.

Y es que me vengo a Sao Paulo, he llegado hoy y me quedaré por aquí hasta el 12 de diciembre. Los que os quedáis en las Españas, yo me podéis ir planeando una fiesta sorpresa para mi vuelta. Para todos, espero de tener ir tiempo de contaros lo que se cuece por aquí, lo que hay que hacer y lo que no, lo que se hace y lo que no, lo que se cuenta y se hace, y lo que se hace que no se cuenta, incluso lo que se cuenta pero en realidad no hace nadie.

Una de las primeras cosas que veo que no debe hacer mucha gente es ir a las piscinas y o la sauna que tiene en las terrazas de los edificios, los buenos me imagino. Hoy estoy en un apartahotel, que como muchos de los que he mirado por Internet antes de llegar aquí, tienen piscina y sauna… la sauna apagada y la piscina o bañera al aire libre para capacidad para dos personas. Así que no, no las puede utilizar mucha gente. Aparte de estos problemillas de LadyDy, tampoco tengo mucho más que contaros, ya que he aterrizado hace algunas horas, que no sean mis sensaciones, que empiezo a plasmar aquí, aviso para que pueda cerrar la ventana o volver a www.jesusalvarado.com el que quiera…

Hacía mucho tiempo que no llegaba solo, totalmente solo a una ciudad, y casi se me había olvidado lo débil que se te vuelve la voz en las primeras horas y lo perdido que estás. Da igual que el idioma sea más o menos accesible, estás solo y ante cualquier complicación te tambaleas… no, encontrarte la sauna apagada no entra en la categoría de complicaciones. En realidad, contadas ahora, a este folio, y leídas por vosotros, en vuestra pantalla de ordenador con 20 ventanas más abiertas, seguro que tampoco os parecen el fin del mundo, pero cunado te encuentras en ellas hay que hacer un verdadero esfuerzo para que al menos te dé igual no poder solucionarlos, y no venirte abajo. . Aunque esta vez a esto se le incorpora un elemento extraño, que sé perfectamente lo que vengo a hacer, en el plano académico o profesional ya conozco lo que haré, y en el lúdico sé también que, por bien que me lo pase, me irá casi tan perdido como estoy ahora, no aspiro a aprender a moverme por Sao Paulo en dos meses. Aunque ya me ha dado tiempo a encontrar un bareto brasileño par aponerme jincho de un montón de cosas buenísimas, y eso siempre hace que cualquier sitio ya caiga simpático de entrada, un aquí voy a estar bien.

Hoy al llegar de aeropuerto, donde por cierto me esperaba un chófer en traje y corbata con un cochazo de cristales tintados… que me imagino que los tintaron para que desde fuera no vean a la gentuza que llevan dentro… espero no haber sido el único que les llegaba con los pantalones cortos y guarros y la camiseta penca de un día en la latina de cervezas y sol y pa dentro al avión y una noche de viaje… decía, que al llegar al apartahotel que se suponía que tenía alquilado para dos meses, la mujer de la agencia me dice que no tiene ni toalla ni sábanas, que es día festivo e imposible comprar… y que no me puede dar esa habitación… yo, una cabeza muy grande desconcertada, dos maletas muy pesadas pese haberme olvidado el 40% de las cosas que me quería traer y el 90% de las que me tenía que traer, un ordenata, una cámara de fotos (esperemos que no lea esto ninguna limpiadora ávida del hotel… ), todo cosas muy pesadas aunque de poquísimo valor (por si acaso), casi 11 horas de vuelo y pocas de sueño, y como os he dicho, un gran finde a mis espaldas, con todo ello junto le preguntó “y ahora qué hago?” y ya me dice, “ay, yo no shè”… veo que las agencias de alquiler son iguales todas en el mundo, su única función es cobrar un dinero x que ni se lleva el propietario ni se ahorra el inquilino, igual que antes se donaba una parte a la iglesia, ahora, a la puta agencia.

Y aquí es donde estoy y esto lo que se ve desde mi ventana:


Asomándose y estirando el pescuezo pa fuera:



Y, como decirlo, incluso a través de la pared… lo que veis debajo de la ventana es la máquina del aire, y las luces, huecos entre la máquina y la pared… la ventana tiene un pestillo antiniños muy bueno.. pero como el niño ande muy desengañado de la vida o un poco desesperado, se cuela por el hueco ese y se tira sin mucho esfuerzo. A chuparla el niño:



Y el poquito de musiquita, que es lo único que merece la pena de lo que os dejo por aquí!


Ni lo sé, ni lo quiero pensar - Sr. Chinarro

Saludos para todos!

lunes, junio 08, 2009

Bogotá

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Acabo de llegar de pasar tres semanas en Bogotá. Primera vez que voy a Sudamérica, y me confirmo que allí podría un lugar en el mundo.



Sólo he podido asomarme, no he visto por completo ni siquiera la punta del iceberg, y estoy seguro que gente que la conozca mejor me podrá decir que es un área del mundo con una tremenda división social, con un reparto de la riqueza desproporcionadamente injusto y otras muchas cosas del ese tipo. Pero yo en estas tres semanas sólo ha tenido tiempo a flotar en una superficie de locales agradables… perdón, locales modernos, de buen gusto excepcional la mayoría de ellos y en los que se comía tan bien que al salir lo primero que hacía era arrepentirme de no haberle pedido formalmente la mano a la cocinera. Y en ellos, flotar entre la amabilidad y la educación de sus gentes, sus tempos, nunca con la suficiente prisa como para no preguntarte un “¿cómo le va?” o pedirte un “qué pena con usted” si consideran que algo puede no estar a tu gusto.



Y claro, marcado por mi experiencia en Kiev, lo primero que me venía a la mente era comparar ambas capitales… condiciones económicas, tasas de crecimiento, recursos… todo ello bastante similar, pero un intangible, un elemento sin peso en los informes económicos marca una diferencia que hace estos lugares incomparables, así como la calidad de vida en ellos, al menos para un sevillano superficial: la sonrisa.



No sé si es un sitio para recomendar como destino turístico, probablemente no (refiriéndome estrictamente a Bogotá), pero es un sitio agradable en el que vivir. Aunque la primera sensación, al ir adentrándose en la ciudad desde el aeropuerto, es que Bogotá es un gran polígono industrial. Los edificios bajitos y cuadrangulares, las aceras pequeñas y el entorno grisáceo te fomentan esa visión. Pero a medida que pasan los días, la zona T descubre un montón de locales, bares de copas y restaurantes con ambiente tan chic como en cualquier capital europea (y la ventaja para nosotros de los precios, ridículos), con el parque de la 93 encuentras un sitio donde echarte en el césped a digerir la comida, y por la noche te llueven las ofertas de sitios a los que ir a “rumbear”, que es como ellos llaman a bailar. El mejor de todos, aunque esté fuera de Bogotá, el “Andrés carne de res”. Quién vaya a Bogotá no puede dejar de pasar por este sitio, una especie de “realismo fantástico” hecho restaurante-bar de copas-pista de baile. Todo en uno. En él entramos como rígidos europeos, desbordados por los colombianos que rumbeaban encima de las mesas, y en una hora, cuándo nos trajeron la comida, nos tenían que preguntar si nos la servían ya o si se esperaban a que nos bajásemos de la mesa en la que nos tenían que poner los platos. No es que allí se cuiden todos lo detalles, es que cada detalle es un derroche de creatividad y fantasía. Y encima te los pasas de puta madre. Garantizado.



Este viaje ha sido por un nuevo trabajo que he aceptado, y que me llevará a poder viajar más y poder contaros otras experiencias como esta en los próximos meses. Además, viajes-proyecto, con lo que podré estar unos dos meses en cada uno de estos sitios, encontrarme viejos amigos (bello Parda!!!) y nueva gente fascinante de esta que se ecuentra por el mundo. El próximo, después de verano, Belgrado. Así que cualquier ayuda, comentario, guía de alguno de vosotros que ya haya estado o esté por allí, será bienvenida y agradecida. Entre viaje y viaje, intentaré también que compartamos cosillas, a ver si es verdad, pero los bombardeos a los que nos someten en nuestros países de origen, dejan poco espacio para las pajas mentales tan de mi gusto. Eso si qué me gustaba de Kiev: no entender nada. Pero sí, hemos de hacer ese esfuerzo por bucear entre las tetas de las amigas de Berlusconi, los triunfos del Barça, miles de desgracias mundiales, y hablar de nuestras cositas también. El próximo fin de semana me voy a Budapest, ya os conté sobre esa ciudad, que me encanta, intentaré ahora traer buenas fotos de allí. Y la misma sonrisa que de Bogotá.



Saludos a todos.


Soldat - 5Nizza

viernes, octubre 24, 2008

Roma

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Unas, esas, piedras.





César descubrió Roma gracias a una beca erasmus que le dieron en su universidad. Las becas erasmus permiten a estudiantes europeos pasar un año de sus estudios en otra universidad europea, con todo lo que conlleva descubrir un nuevo país con veinte años, de la mano de otros cientos estudiantes de todas las nacionalidades recién llegados también a ese mismo país, en el que sabes, en la mayoría de los casos, que las consecuencias de sus acciones se reducirán a ese año de vida. O de sueño. Hoy este tipo de becas se dan por méritos académicos, ya que casi ningún estudiante que ha oído hablar sobre ellas se las quiere perder. Hoy César seguramente ni las hubiese pedido. Por una parte porque habría pensado que nunca se la darían, y para qué enfrentarse a un fracaso de forma tan gratuita. Y por otra, porque durante sus años de estudiante, todo aquello que respondiese a criterios académicos para ser obtenido, estaba para él totalmente desprestigiado. Según decía, el hecho de obtener buenas notas en los exámenes, lo único que demostraba era que se había pasado por el aro de uno métodos de aprendizaje que premiaban la memoria mecánica y que castigaban y condenaban la creatividad. Y no porque él se considerase creativo, ni como defensa a sus calificaciones mediocres. Quizás sólo por criticar lo establecido, últimos coletazos de la adolescencia.

Antes de aquel año, Italia no le había llamado nunca especialmente la atención. El único motivo por el que solicitó la beca en Italia y no en cualquier otro lugar, fue el idioma. Y tampoco por su atractivo lingüístico. Simplemente le parecía el más fácil para un español de cuantos se hablan en Europa, y como ya lo había pasado bastante mal en sus veranos ingleses, compartiendo techo con familias de las que nada entendía, no estaba dispuesto a volver a vivir en sitios en los que hasta pedir un vaso de agua se convertía en un reto, del que además casi nunca salía victorioso.

Y en muy poco tiempo sintió que acertó con su elección. Sobre todo después de haber conocido a Valeria, de haberse enamorado de ella y de su acento romano y de, con ella, haber conocido la Roma profunda, tantos de sus habitantes que luego fueron sus amigos, mil formas de cocinar la pasta y otras mil de comerla. Pronto dejó de sentirse extranjero, turista o extraño, en la Caput Mundi. Entendía perfectamente el idioma, como el suyo materno, y se expresaba en él con una facilidad que le sorprendía. Al revés que lo que le sucedía con cualquier otra lengua extranjera, tan difíciles de descifrar aunque las conociese, con el italiano llegaba a entender las emociones de las palabras, su historia, sentía familiares incluso aquellas palabras que oía por primera vez, que no se parecían a su significado en castellano, pero que aún así comprendía. Durante ese año, encontró el trabajo que le permitió quedarse en Roma, más que en una ciudad, en la vida que se había construido, unos cuantos años más: guía para españoles en los principales monumentos de la ciudad.

Tampoco los monumentos o los restos arqueológicos le apasionaban de forma especial. Ese trabajo le fue fácil de conseguir por la cantidad de españoles que visitaban Roma en todas las épocas del año, y la gran demanda que había de guías que hablasen esa lengua. Sobre todo, ese trabajo le permitía añadir una rutina y alguna responsabilidad a su nueva vida. Y a la vez, la satisfacción de estar haciendo de un sitio extraño su propia casa.

Y llevaba a sus grupos de turistas por aquellos típicos monumentos que les habían llevado allí. Quedaba con ellos en Piaza Venecia, enfrente de palacio de Vittorio Emmanuele, también conocido como la maquina de escribir. Los llevaba hasta el Colisseo por el paseo de los foros, una calle que da la sensación de una especie de pasarela que pasa por encima de esas ruinas. En el Coliseo, al entrar en él, César notaba cómo sus guiados dejaban de escucharle la mayoría de las veces, y cómo se emocionaban al entrar en ese pedazo de historia.

Luego los llevaba desde allí hacía el Trastevere, el barrio que se encuentra al otro lado del río. Para ello pasaba por el teatro Marcelo, un teatro sobre el que se construyeron casas, pero que conserva su fachada, impresionante, el ponte roto y la isla tiberina. Un paseo por el río, el contraste entre el barrio de casas apiladas que se vía al otro lado y la monumentalidad de la rivera que caminaban… hasta llegar al Castel de Sant’Angello, donde les contaba las historias que tanto fascinaban sobre grutas y escapatorias de Papas asediados y les recomendaba que no se les ocurriese irse de Roma sin ver desde su azotea una puesta de sol. Un sol romano, que al atardecer quemaba toda la ciudad, recordando la leyenda de Nerón quizás, hasta esconderse por detrás de San Pedro. Más tarde los hacía callejear por el centro, estrecho, íntimo, hasta que una calle se abría para dejar ver al Panteón, con su cúpula abierta, inmenso, entre todas esas callecitas, y perfectamente conservado. Allí los dejaba, no sin antes aconsejarles un par de restaurantes, donde el domingo les invitaban a pizza o un plato de pasta y vino a él y a Valeria, si durante la semana se había escuchado bastante español en el restaurante.

Uno de esos días, al llegar como cada mañana al Colisseo, le llamó la atención una joven de su grupo, especialmente entregada a la contemplación del edificio. La chica iba con otros tres acompañantes, otro chico más o menos de su edad y una pareja mayor, por lo que era fácil suponer que sería su familia. Estaba totalmente embobada, andaba por inercia, metida en el grupo, sin saber donde pisaba, mientras tenía la cabeza totalmente echada hacia atrás con la frente apuntando a los techos y los arcos de la construcción. Solo de vez e cuando la giraba rápidamente para fijarse en una esquina, en un agujero que le llamase la atención. Y se quedaba ahí, enfrente, mirando en silencio con los brazos caídos, y exclamando algo para su hermano cada vez que éste se acercaba a ella.

César sintió envidia de esa sorpresa, de esa mirada ante algo que él ya se había acostumbrado a ver, cada día, cuando se acercaba con sus turistas, y cada vez que cruzaba vía Cavour, a través de las calles que la cortaban y que daban a él. En un momento de pausa, se acercó a la chica.

- Te ha gustado el Colisseo, ¿verdad? A mí también me impresionó mucho la primera vez que lo ví.
- Sí – dijo ella, y siguió tras un pequeña pausa y comprobar que tenía el permiso para seguir hablando, e incluso la expectación de César – Y más que al verlo, ha sido al pasar dentro… pensar en la cantidad de gente que lleva siglos pasando por estas mismas puertas, de las que ya nada se sabe, que han nacido, vivido, y un momento de sus vidas han pasado por aquí, por este mismo punto… han sentido algo parecido a lo que pueda haber sentido yo… y luego han desaparecido, para siempre… Y él aquí sigue, siempre igual, años, siglos.
- Es verdad. No lo había pensado…- dijo César, con un tono de voz que casi parecía de preocupación.
- ¿No? Piensa sólo en la cantidad de guías turísticos que como tú deben de haber trabajado en los alrededores del Colisseo, que le habrán dado la vuelta cada día… ¿no te asombra?

César no contestó, simplemente sonrió a la chica, se levantó, y continúo con la visita. Pero lo cierto es que sí que le impresionó. Desde ese día, esas piedras ya no volvieron a ser para él monumentos que miraba con indiferencia por la costumbre. En cada monumento, en cada Iglesia a la que pasaban, pensaba en la cantidad de gente que habría hecho eso mismo que estaban haciendo ellos en ese momento, ellos que se sentían protagonistas de sus vidas, pero a los que los monumentos sobrevivían, de forma implacable, mientras que ellos, decididamente actores secundarios, iban pasando unos tras de otros, sin dejar ningún rastro en tanta grandiosidad.

Y esta sensación, que al principio le agradó, ya que era como volver poder apreciar esas maravillas de Roma como la primera vez, fue transformándose en algo opresivo, que le llevaba a una depresión que aumentaba cada vez que se acercaba a esas piedras, que ya casi le hablaban, le señalaban con un gran dedo viejo y rocoso, y le recordaban su insignificancia, su fugacidad, la de su vida y la de sus actos. Su anonimato absoluto.

Una noche se lo contó a Valeria, que se rió con ternura de las ocurrencias de su españolito, le acarició la cabeza y le preguntó: “stai sofrendo forse una variante del sindrome Stendhal??”, para reírse de nuevo. César no había oído nunca hablar de éste síndrome, así que Valeria le contó, con orgullo patrio, que era un síndrome que se causa por una sobredosis de belleza, y que se había catalogado como tal por primera vez en Florencia, donde mucha gente lo sufría abrumada por la belleza de la ciudad y sus obras artísticas. César no lo pensó mucho, y le contestó: “No sé si será ese síndrome o no, pero estas piedras me están amargando la existencia. Aunque me podría pasar la vida mirándolas”.


Roma Capoccia - Antonello Venditti

martes, julio 08, 2008

Budapest... y un da svidania...

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Al leer un graciosísimo y memorable post de DeAndrés (Yakarta) en el que ha metido un correo que nos envió a todos sus compañeros al acabar el master del Icex el año pasado, me he acordado de un montón de cosas. De un montón.

Estos días hará un año de una llamada de mi amigo Ale, el jerezano de Sao Paolo, en la que me decía “chaval, te mandan a Kiev, y a mí, a Sao Paolo”. Yo estaba en un coche, en Portugal, sin poder mirar Internet (con lo que eso supone hoy en día), y conociendo al cachondo cabrón del Ale, lo primero que pensé fue que me estaba tomando el pelo… “Kiev?? Pero eso era un posible destino??" pensé yo, a la vez que inútilmente intentaba con la guía michelín España – Portugal, encontrar un trocito de mapa en el que saliese esa ciudad… “uh… Chernóbil a qué distancia pillaría de esto??” fue mi segundo pensamiento. Así que opté por reírme tímidamente, por un lado ilusionado vilmente porque fuese al revés (es decir, yo a Sao Paolo) y por el otro, con los huevos de cobarta, pensando que sí, que Ale es un cachondo.. pero tan cabrón como para tomarme el pelo en una situación así?? “Oye Ale… en serio? A Kiev???”. Sí.

Y pensaba que estos días, cuatro chavales, nuestro relevo, sabrán que su casa durante los próximos quince meses será Kiev, y quizás alguno de ellos encuentre este blog, y por lo que me habéis comentado alguno de los cuatro gatos que nos lee, a lo mejor renuncia a su beca, sale corriendo y vuelve a centrar sus esperanzas en Infojob… bueno, futuro compañero, espérate un poquito. Esto no es Sao Paolo, ni Panamá… este es mi primer consejo… no leas los blogs de tus compañeros ni mires sus fotos durante el invierno. Éste no es un sitio para los que se presentan a los exámenes sólo si saben que van a sacar un diez… no te puedo decir, como sí le estarán diciendo a otros de tus compañeros que éste va a ser el mejor año de tu vida. Sí que te digo que si te gustan los retos, éste va a ser uno muy grande. Profesional y vitalmente. Y que tiene cosas muy muy muy buenas. Enhorabuena, compañero, y bienvenido!


Vas a tener la mala suerte de perderte algunas de las buenísimas cosas de Kiev. Ya no conocerás a Michela ni a Valeria, ni a Paco, que fue la primera persona que conocí, antes de llegar a Kiev. Él ha estado aquí tres años y se ha ido esta mañana… es toda una sharporra, que nos ha enseñado Kiev y Ucrania con el amor de quien se ha hecho aquí un adulto. Lo siento por vosotros...







Otra de las grandes cosas que se puede hacer en Kiev es… viajar. Este fin de semana he estado en Budapest. Una maravilla. Una ciudad para irse allí a vivir, una mezcla entre Florencia, Berlín, Estambul… realmente muy guapa. Y además con la suerte de que nos la enseñasen los compañeros que están allí viviendo… gran vidorra la que se pegan allí, locales chulísimos para cenar de puta madre, después unas cervecitas en sitios como el Szimpla, y luego discotecas como a la que nos llevaron el viernes, cuyo nombre no recuerdo, pero que ellos llamaban “las islas”... lo buscaré. Era una gran discoteca al aire libre con diferentes espacios, algunos de ellos flotantes en el río… las discotecas no son lo que más me guste del mundo ni lo que me mueva a ir a una ciudad, pero merece la pena. Sobre todo para poder tener resaca al día siguiente y así tratártela en los baños… qué gozada. Sólo por eso merecería la pena vivir en esta ciudad. Nosotros fuimos a los baños del Hotel Gellert, que te hacen sentirte como un señor del siglo XIX, lujo y relax para toda la tarde.

Budapest es una ciudad realmente curiosa, atractiva, con el mismo dinamismo y vida underground, paralela, sabia y joven, de las grandes ciudades de centroeuropa. Porque Budapest es centroeuropa, no Europa del Este. Os lo digo yo. No dejéis de ir a la plaza Jokaiter, en el metro Oktogon, con un ambientazo para la cena y las copas de después, ni a un antiguo teatro que está muy cerca del Szimpla, ahora teatro alternativo y también bar, y muy popular entre la gente joven, por lo que nos dijeron los compañeros de Budapest. Y otra cosilla, para dormir, os recomiendo que alquiléis un piso. Los alquilan por noches a un precio fijo independientemente de cuanta gente duerma allí… se ve que todavía no han llegado muchos sevillanos… y por poco dinero se pueden encontrar pisos que estén realmente muy bien y en el centro.

Y a la vuelta nos podréis contestar esa pregunta que hacen a todo el que llega por allí… que te gusta más, Buda o Pest?














Budapest



Saludos, y un abrazo a nuestro Paquillo. Prosto da svidania, Sharporra.

jueves, mayo 08, 2008

Berlín. Y crónica de un viaje. Tutto per la squadra.

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Qué mejor puedo decir de Berlín que no me quiero ir sin haber vivido en ella. Hay a gente que no le atrae antes de conocerla. A otros, les deja indiferente. Algunos la ven atractiva, se divierten en ella algunos días y después la olvidan. Es cuestión de afinidad, como sucede con las personas. Porque si hay algo que me llamó la atención de Berlín, que sentí la primera vez que estuve allí es que Berlín no es un escenario. Berlín es una ciudad viva, es casi una persona, en la que puedes ver en presente las historias aún vivas de su Historia, sus cicatrices y su evolución. Una historia tan conocida, tan importante y tan reciente, que Berlín no quiere olvidar, pero que tampoco quiere que sea lo que la defina. Berlín se mueve, y estar en ella es como estar en un barco, o en un tren. En algo que lleva un rumbo y que te llevará a alguna parte.



Y así, hay a otros muchos a los que Berlín nos enamora. No será ni la más alta, ni la más guapa, ni la de ojos azules, ni la del cuerpazo de escándalo, pero nosotros no vemos nada de eso. O no nos importa. Y como cuando estás con la persona amada, estar en Berlín te da una serenidad y unas ganas de hacer cosas (que cosas!), que te da hasta rabia que dependan de ella, o de estar allí. La gente te sonríe por la calle, en el centro de una ciudad de varios millones de habitantes el ruido más escandaloso que te puedes encontrar es el del tranvía o el ring-ring de una bici que quiere pasar (sobre todo, si eres español y vas por ese trocito de la acera por el que se pasea más tranquilo porque no hay nadie: el carril bici).



A los que vayáis a ir a Berlín, y queráis saber sitios que visitar os diría que no os preocupéis de verlo y visitarlo todo. Lo más bonito de Berlín creo que es, como he dicho al empezar el post, vivirla. Pasearos la zona del este, por encima de Friederichstrasse, hay una calle preciosa que se llama Auguststrasse, con cafés y terrazas chulísimas, una de ellas en el jardín de un edificio medio abandonado. Os diría que visitaseis los flohmarkts de los domingos, sobre todo el de Arkonaplatzt o el de Mauerpark, cerca de Benauerstrasse. Que os sentéis con tranquilidad en alguna terracita y hagáis el brunch, al que los berlineses dedican gran parte del fin de semana. Pagas entre 3 y 8 euros, depende del sitio, más las bebidas y puedes comer todo lo que quieras… lo suyo es empezar con tu desayuno y tu café, y después de un ratito al sol pasar a la birra alemana y el almuerzo. Con mucha tranquilidad. O que busquéis un biergarten. En Zoologischegarten, cerca de la Embajada española, hay un par magníficos.



Para la noche, todo lo que queráis. Y más si os acogen icex, en mi caso macro y tecnológico, que con mucho empeño están haciendo un estudio de mercado cervecero-fiestero de Berlín, incluso a costa de su dotación. De lo más altruista. La primera noche, para empezar nos llevaron a un bar a tomar unos vinos, en Zionkircheplatzt, en el que se bebe y se come lo que se quiera, y luego se paga a voluntad. A algunos (grande buranko), el sistema le parece una mierda, porque así las cosas no están claras... Bueno, en realidad si que están claras: si eres alemán o de cualquier otro país civilizado, pagarás un día más, otro menos, según lo a gusto que hayas estado o lo que te haya parecido la comida. Y si eres español… en fin, alguno os imagináis un bar así en Sevilla? A mí en los vascos se me caen siempre los palillos, la verdad…

Berlín fue el punto de partida de un viaje de una semana: Berlín, Praga, Bratislava y Viena. Todas ciudades muy guapas, también Bratislava, y con muchas guapas. Dos de Berlín, dos de Lisboa, Belgrado, Budapest, Praga y yo. Stones, judío, Mataiván, buranko (el hombre pies), Cebo y sus imanes y the majo hunter… tutto per la squadra, un equipo de viejas glorias que dejó detalles de mucha calidad, aunque sin la implicación ni el entusiasmo de los jóvenes recién llegados… eso sí, sabiendo dosificarse… y eso también, el que marca es de siempre, el cebo, puede ser de rebote, con la rodilla, pero siempre marca… irá a la Eurocopa??

Mucha cerveza, como toca en centroeuropa, que no os extrañe si empieza a subir el precio de la cerveza, porque el stones ha debido de dejar las reservas tiritando. Y para los que vayáis a Viena, aunque parezca que por la noche se muere, que no os engañe, y buscad un garito que se llama Wirr y que estaba por neuergass o algo así… diversión asegurada, sobre todo rodeado de viejas glorias. Perderás el partido, pero un par de caños se quedan… tutto per la squadra… y un huevo!!

Mi próximo viaje será del 12 al 15 de junio, París… como siempre, el que se quiera animar o vaya a estar por allí que alce la voz!! A ver si nos vemos!

Mas fotos, pincha aqui:

Berlín, Praga, Bratislava y Viena. Tutto per la squadra.




Saludos.

viernes, abril 11, 2008

FREIBURG

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Hoy es un gran día para escribir sobre esta ciudad invisible: Freiburg, Friburgo, Freiburg Im Bresgau. Porque hace muy pocos días un gran amigo (que no digo aquí, por si sus padres todavía no lo saben…) me dijo que le acababan de dar una beca para irse los tres meses de verano allí… qué cabrón, qué envidia. Y porque siempre es un buen día para acordarse de esa cuidad. Hay quien dice que nunca se ha de volver a los sitios donde fuiste muy feliz. Yo prefiero creer que hay que volver a ellos, física o mentalmente. Y si tu vida actual no resiste la comparación, hacer lo que puedas para ser tan feliz como entonces… claro, que no todo puede depender sólo de ti. Entonces vuelve a ellos, para ver si esa parte que no depende de ti, te la pueden aportar ellos… quién sabe.


Hablar de Freiburg para mí es más que hablar de un viaje, o de un sitio, o de un tiempo. Hablar de Freiburg es precisamente hablar de la ciudad de las ciudades escondidas. Es un viaje en mi interior, en mis recuerdos y en mis pensamientos, un viaje a una ciudad que no está en ninguna parte, que no tiene habitantes. O mejor dicho, y esto es algo que me enseñó ella, una ciudad que está en todas partes: allí donde estén unos habitantes muy concretos, compañeros de viaje en esta ciudad invisible. Me explico: a Freiburg me llevó una curiosidad por conocer sitios diferentes, por conocer un idioma diferente, y en gran parte, la casualidad. Yo me quería ir Rennes, Francia. Y en Freiburg descubrí la justa importancia de los escenarios, que la tienen, pero que no hasta el punto de que te aten o te limiten, y de la gran importancia de encontrar a una, dos o tres socios que se alegrasen de alegrarte. Descubrí la belleza de la libertad, de sentir que en cada momento estaba haciendo exactamente aquello que me hacía más feliz. Descubrí la energía que te da esa libertad, que se convierte en una energía deseosa de devolver esa felicidad a quien te la regala a ti. Descubrí las barbacoas en el lago Seepark hasta que se ponía el sol, descubrí lo que puede llegar a pesar un erizo, por pequeño y feo que sea, cuando lo llevas con tu bicicleta, descubrí los despertares con notas que te alegraban la mañana y que te hacían subir silbando la cuesta de la Hauptbanhoff, descubrí los helados italianos y cómo facilita las cosas, y los helados gratis, una sonrisa y una chica linda. Descubrí lo diferente que es conocer a alguien en un idioma y en el suyo propio, que por mucho que te empeñes Utilizieren nunca va a significar utilizar en alemán (benutzen) y que si dices que “Ich verstehe keine Paprika” (no entiendo un pimiento) los únicos que te entenderán a ti serán los españoles, algún italiano avispado y algún turco que haya vivido en España. Pero nunca los alemanes.

Cuando me fui de Sevilla, tenía mi novieta guapetona, mi equipo de fútbol, los colegas, una carrera casi acabada… una autopista que me llevaba cómodamente al destino. Cuando volví de Freiburg, y a pesar de que nunca he vuelto a vivir en ella ni me he planteado hacerlo, sentía la necesidad de que esa ciudad invisible debía seguir en mi vida. Todo aquello que había descubierto, debía seguir en mi vida, y mi vida debía seguir en aquella ciudad invisible y sus habitantes, estuviesen donde estuviesen.



Y el intento equilibrio entre las obligaciones (que a veces también las hay) y hacer lo que me pedía esa libertad que sentía yendo de un sitio a otro en mi bici, de Seepark a Vouban, de allí a Waldsee, y al Beirgarden en Schlossberg, me llevó a Barcelona, de Barcelona a Bologna, pasando por Munich y Galway, de Bologna a Maastricht, de allí a Madrid y ahora a Kiev… siguiendo y persiguiendo esa vida, tan rápido que a veces no sé si no me la he dejado atrás, olvidando lo que he dicho al empezar: que esta ciudad invisible está en todos sitios. Que al haberla conocido ya sabía el camino que me llevaba a ella: el de la libertad y sus habitantes. Y que podía vivir en ella aunque fuese en un pueblecito de Cádiz o de donde fuese.

Qué envidia los que encuentran todo lo que necesitan en su barrio o en su pueblo…

¿Qué envidia?

Hoy, cinco años y medio después de mi llegada a Freiburg (aún la recuerdo, “qué coño hago ya aquí”) y cuando hagan seis de mi despedida (que también recuerdo como ayer, entre risas, jamón y una angustia repentina ante la despedida en el aeropuerto de Frankfurt… de nuevo la casualidad), cuando me pierdo un poco, cuando no encuentro la dirección a Freiburg, miro las fotos de aquel tiempo, miro a aquel chaval de 22 años radiante de vida, de felicidad y de libertad, y me pregunto qué diría él si viese esta vida casi seis años después.

Y le vuelvo a preguntar… y me diría: “Yo, con una cervecita y el sol… el paraíso, ¡ah! Y cacahuetes!”

EDITO (Alberto): La garra. Y fotito. Recuerdo el fundamento del concepto garra, pero ahora mismo no visualizo el ejemplo concreto que nos hizo acuñar tan afortunado término.



jueves, abril 10, 2008

Estambul cocinado y en la mesa

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EDITADO:
Os decía que Estambul sí que es tela de invisible, porque esta ciudad, o al menos esa es la sensación que me ha dado a mí, es inabarcable, por historia, por dimensiones, o por que lo que nos muestra es aquello que cree que buscan los turistas que se acercan a ella.

Y con esa es la sensación que me pasé todo el fin de semana: que sí, que Estambul es impresionante, que es preciosa, que la Mezquita Azul y Santa Sofía son únicas… pero que yo era un turista, y no iba a palpar ni un ápice de la que es la vida allí.

Al principio me sorprendió, la verdad, el alto nivel de vida y desarrollo, al menos en Estambul, el aeropuerto, todo nuevo, y el tranvía, que te parece estar en nosequéstrasse Haltstelle, Alemania. Aunque claro, todo hay que decirlo, esta sensación puede estar muy condicionada por el facto de estar llegando desde Kiev, Ucrania.

A los que vayáis a Estambul, además de a esos sitios que he dicho antes, y a los que os llevará la inercia, intentad visitar las cisternas (la foto de los arcos en penumbra), que están al lado de Santa Sofía. El barrio de Besitkas el domingo, que es una especie de La Latina o Borne, con un mercadillo, terrazas, puestos de comida donde venden unas patatas gigantes rellenas que están realmente buenas, y de postre, unos gofres golosísimos (foto)… todo ello a orillas del Bósforo. Sé que comparado con las mezquitas, todo esto es un poco mundano, pero fue el único rato donde me dio la sensación de estar haciendo aquello que haría si viviese en Estambul.

Por supuesto, un baño turco. También aquí me extrañé del grado alto de civilización, sobre todo porque mi otra experiencia similar fue en un pequeño pueblo de Marruecos, donde no hablábamos ningún idioma común con nadie allí, donde rodeados de viejos que nos miraban con curiosidad intentábamos entender donde dejar la ropa (“¿vestuarios?”, comentario y risa en árabe que hacían entender “por los cojones”, o algo así), y donde otro se nos acercó para explicarnos qué hacer con un cubo de agua caliente y otro de agua fría que nos habían dado, al ver que no teníamos ninguna pinta de sacar nada productivo de ellos. Estos, ya os digo, nada que ver, hasta aceptan euros. Pero merece la pena.

Ah! Y subid a la torre Galata. Acojonante. Tanto de día como de noche… si podéis, y si cabéis, ved la puesta de sol desde allí.

Y entrad en una mezquita. De forma respetuosa, pedid permiso para hacer fotos, intentad no ser demasiado españoles y no habléis en tono conversación de discoteca y percibiréis el agradecimiento de esta gente, amabilísima y encantada de que tengamos curiosidad y respeto por sus cosas. Y pasaréis allí dentro un rato de paz y encantamiento de habernos conocido que recomiendo... aunque sólo sea un rato.

Pues así he visto, o mejor dicho, no visto, la invisible Estambul.

Se está cocinando el peaso de post sobre la ciudad invisible Estambul. Y esta si que es tela de invisible... a ver si mañana lo puedo colgar con algunas fotillos, y si no, pasado mañana!

Os dejo con una de las mejores cosas de Estambul, mi coleguita Paco, yo y los baños (obvio, lo de lo mejor de Estambul va sólo por los baños... aunque Paco y yo tampoco estamos mal, ;-))



Un saludo, y hasta pronto!

Pd: Y para ir amenizando, mientras tanto, un poemilla que me ha gustado, y alguna fotillo más:

Ser. O que ser.


Cabezas de mis padres,

Ojos de mis amigos,

Boca de mi compañera,

Oídos de mis hijos.


Ventanas a un mismo patio,

Peceras de océanos infinitos.

Peceras de cristales negros,

En las que yo vivo.





























Saludos.